Turquía en moto. Capítulo 3. De Macedonia a Sofía (Bulgaria)

Una vez más (y como ya es costumbre), despertador a las 6:00 de la mañana, para desayunar en el hotel lo más temprano posible y comenzar la jornada. Esta vez con una misión prioritaria, buscar un lugar donde cambiar los neumáticos a mi moto.

El hotel era muy modesto, pero el desayuno más que correcto.

Como les conté en el capítulo anterior, mis neumáticos habían sufrido una transformación durante el viaje, se habían convertido en un problema para la seguridad de nuestro viaje.

Antes de salir del hotel, utilizamos si wifi para buscar y marcar en el navegador, varios puntos de venta de neumáticos y talleres de motos, ya que en Macedonia no disponemos de Roaming.

Tras varios intentos fallidos (o bien porque el taller estaba cerrado o porque simplemente ya no existía), llegamos a una tienda de neumáticos de coches. Lo primero que decir, es que mi inglés es bastante deficiente, y a pesar de que los que me atendieron tenían un nivel un poco mejor que el mío, nos tuvimos que comunicar con el lenguaje internacional que casi nunca falla (el de señas con las manos y cara).

No obstante, la atención fue exquisita y, a pesar de que teníamos dificultades para entendernos, nunca, jamás pusieron una mala cara ni borraron su sonrisa. Su actitud fue la de intentar ayudarnos en todo momento.

Tras entender lo que necesitábamos (aunque les constó entender que quisiera cambiar los neumáticos por el buen estado aparente de los que tenía montados), hicieron una cuántas llamadas en busca de las medidas adecuadas para mi moto. ¡Bingo!, encontraron una tienda que los tenía e intentaron explicarme reiteradamente cómo llegar. La verdad es que era un poco complicado, estaba (creo yo) al otro lado de la ciudad y con un montón de cruces y calles. Después de un rato, el que me parecía el jefe, indicó a otro compañero que me acompañara en su scooter. Total y absolutamente de forma desinteresada, el compañero nos guio por toda la ciudad hasta el taller.

Una vez en el taller, la atención continuó siendo exquisita. El encargado de hacerme el cambio de neumáticos fue muy profesional, fijándose bastante en cómo estaban montadas cada una de las piezas que desarmaba para montarlas nuevamente igual, incluso utilizó dinamométrica para el apriete de todos los tornillos.

El precio de neumáticos y montaje fue más que correcto, muy similar que en España y tras agradecerles muchísimo el trato, continuamos camino antes del mediodía.

OPINION: En estos países te puedes encontrar paisajes que te puedan gustar más o menos, dependiendo de si tu viaje es más monumental, gastronómico, histórico o paisajístico, pero en lo que nunca te van a defraudar (y cada vez lo tengo más claro) es la hospitalidad y calidez de sus gentes, sin duda lo mejor del viaje.

Una vez más, al igual que nos ocurrió en la entrada a Macedonia desde Albania, los paisajes son imponentes, muy verde y montañosa, Macedonia es mucho más bonita de lo que esperábamos y coincidimos en que merece un viaje monográfico para visitarla con más detenimiento. Movíamos las cabezas como en un partido de tenis viendo a un lado y al otro, ríos, cascadas y pueblecitos a lo alto de las montañas que, seguro, deben ser una delicia visitarlos en moto.

Paulatinamente, los paisajes van cambiando a menos montañosos en la medida en que nos acercamos a Bulgaria. Pasamos la frontera sin mayores inconvenientes que las pequeñas colas de coches para presentar toda la documentación y burocracia requerida.

Bulgaria (o por lo menos la parte que recorrimos de camino a Sofía) sigue siendo bastante verde, aunque menos boscosa que Macedonia. Un verde más tipo praderas poco montañosas. Sus viviendas muy parecidas una a otras, muy bonitas y mayoritariamente con un unos importante de madera.

Comenzamos a entrar en la Capital (Sofía) y ya se nota nuevamente el tráfico, nos costó bastante encontrar el hotel porque la ubicación la teníamos equivocada. Gracias al SAPP (sistema avanzado de para y pregunta), localizamos el hotel, aunque, no el propio recepcionista sabía cómo se llamaba ya que le preguntábamos si ese era el Hotel y nos decía que no.

Estaba claro que el hotel había sido remodelado por completo, todo era completamente nuevo, todo olía a nuevo, incluso el recepcionista debía ser el padre del dueño y no hablaba ni pizca de inglés, sólo búlgaro, casi no podemos hacer el check-in si no es por la ayuda de una persona joven que se encontraba casualmente en recepción en ese momento y sí que hablaba un inglés haciéndonos de intérprete.

Creo que éramos los únicos alojados en un hotel de cinco plantas, pero que las tres primeras estaban cerradas aún si acabar la reforma. Se notaba que estrenábamos todo en la habitación y las piezas de baño conservaban aún las pegatinas.

Tras acomodar todo el equipaje en la habitación y darnos una reconfortable ducha, quedamos para salir a cenar, ya que en el hotel no había nada ni al parecer en sus alrededores. Tra un rato de caminata hacia la zona donde había más casas, entramos un un bar pero que solo era de copas. Preguntamos como pudimos y había un señor que hablaba español. Nos indicó que a tres calles había una pizzería muy buena. Mientras nos explicaba, otro señor que se encontraba con ellos se ofreció a llevarnos en su coche, cosa que le agradecimos, pero no aceptamos ya que era cerca y el amable señor se encontraba con un par de copichuelas de más, pero una amabilidad absoluta por su parte entendió que prefiriéramos ir a pié.

Efectivamente, era bastante cerca y la pizzería era todo un lujo, llegamos y la cocina ya estaba cerrada, pero al ver que éramos turistas, nos atendieron y prepararon las pizzas. Nuevamente la amabilidad nos impresionaba.

Estaba todo exquisito y tras agradecer apropiadamente tanta amabilidad, nos marchamos a descansar al hotel.

Y en la próxima entrega…

Capítulo 4 – De Skopie, Sofía (Bulgaria) a Turquía (llegada a Estambul)

En el próximo artículo, salimos de Sofía con la intención de visitarla por la mañana antes de emprender el largo viaje que nos llevaría a Estambul

¿Me acompañas?

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